“Amanecer de alegría…, sones que engalanan el despertar…, sones que adornan las calles…, sones queridos y esperados…, sones anunciadores de fiesta. ¡Por fin llegó nuestro día, nuestro gran día, nuestro día 5! Las ilusiones comienzan a discurrir con paso firme y acompasado a los sones de la música,…”

 

Ya llegó la mañana del día 5. Las bandas de música inundan las calles de nuestra Villena, al son de alegres pasodobles, mientras me dirijo a la Plaza de Santiago me cruzo por el camino con dos bandas de música dirigiéndose a recoger a sus Madrinas. En mí se entremezclan sentimientos, recuerdos y alegrías. Con el vello enardecido por la música sigo andando mi camino, deseoso de llegar a mi punto de destino para comenzar junto a mis compañeros a vivir este gran día.

Al llegar, tomo mi primer calentico y con la alegría dibujada en nuestras bocas, esperamos a que llegue la hora de iniciar la marcha. Son casi las diez de la mañana y Pedro nos empieza a llamar. Poco a poco vamos saliendo de la Casa del Festero y nos dirigimos a la formación para comenzar nuestro particular pasacalles. Los cuchicheos dentro de la formación comienzan “oye ¿Qué pieza va?”, y seguidamente buscamos en nuestra particular carpeta de ilusiones y armonías, la pieza que nuestro director ha elegido para comenzar.

¡Por fin llegó nuestro día, nuestro gran día, nuestro día 5!

El bombo nos avisa y el director batuta en mano, se encuentra preparado para marcar el comienzo. Suena un pasodoble y, con paso firme, arrancamos en busca de dos corazones que palpitan tanto o más que los nuestros y que esperan nuestra llegada para comenzar a disfrutar de la fiesta. Cuando llegamos a la puerta de sus casas, lágrimas de alegría y complacencia deslizan por sus mejillas, la emoción se hace indescriptible en ese instante para todo aquel que vive ese precioso momento. Y junto a las Regidoras altivas y radiantes, nos dirigimos de vuelta a Santiago.

Son las doce menos cuarto y ya estamos de vuelta en nuestro punto de partida, en este momento la plaza es un hervidero de gente. Cuando terminamos de entrar, el bombo con su toque a contratiempo, interrumpe las notas que de golpe dejan de sonar. Apresurados, nos encaminamos a coger nuestras chaquetas para preparar el próximo acto.
Cuando el reloj de Santiago marca las doce toda la Banda se encuentra preparada en la puerta de la Casa de Cultura, la KAKV -testigo mudo de nuestros esfuerzos-. El pregón comienza a derramar letras, palabras, oraciones y sentimientos. Mientras tanto los rayos solares se ciernen sobre nuestros cuerpos cubiertos con la chaqueta y el calor va haciendo nuestra espera algo dilatada. Todo este calor se desvanece cuando de nuevo instrumento en mano nos disponemos a tocar el himno nacional al tiempo que suena la traca anunciadora del comienzo de nuestras Fiestas.

Todo el calor está olvidado, nuestro querido amigo Fernando, se dispone a dirigirnos mientras interpretamos Villena Festera. El momento de empezar se hace eterno pues de forma súbita el silencio recorre la plaza.

¡Por fin llegó nuestro día, nuestro gran día, nuestro día 5!

DSCF1572Cuando la batuta marca el inicio y comienza a sonar el pasodoble, toda la plaza cimbrea sus cuerpos y canturrea las notas que van fluyendo en armonioso desfile. Al transcurrir el pasodoble, acompañando a nuestras notas se escucha como una sola “Suene ya la entrada y al embrujo de sus notas… “, nuestros corazones partícipes de la letra comienzan a sentir las palabras que una a una van llevando a su fin a esta pieza.
Los últimos sones de Villena Festera, comienzan a entremezclarse con un estruendo de palmas, gritos, chillidos,.., manifestaciones de alegría desbordada que inundan la célebre plaza en la que se desarrolla el acto y una vez acabada la pieza, la gente poco a poco va abandonando la plaza entre algarabías y risas, encaminándose a coger sitio para ver pasar a las Regidoras y a los Cargos de cada una de las comparsas, con sus bandas de música. Ya se empieza a preparar el desfile del Pasodoble.

Las Regidoras se disponen a formar delante de la Banda para abrir desfile. La gente inunda las calles y un sentimiento de complicidad invade los corazones de cada uno de los villeneros que se apostan a lo largo de todo el recorrido para homenajear la gallardía que despide este peculiar acto. Los Cargos por una parte luciendo sus mejores galas y las bandas por otra, luciendo sus mejores piezas musicales.

¡Por fin llegó nuestro día, nuestro gran día, nuestro día 5!

Y empieza el acto, en la plaza suena la pieza elegida para la ocasión de arriba abajo ¡qué momento! Siempre se eligen pasodobles inéditos o muy poco conocidos. La gente se arremolina en derredor y escucha con atención la pieza, su final coincide con un rotundo aplauso y sin pausa arrancamos buscando la angostura de la estrecha calle Ramón y Cajal para, seguidamente, desembocar en la curva de la puerta de Almansa. La gente que se agolpa a lo largo de todo el desfile nos lleva en volandas hacia la Plaza del Rollo provocando que el acto dé la sensación de durar un segundo. Un efímero segundo vivido a tope.

Y va transcurriendo la comida con los nervios premonitorios del acto venidero y la escasez de tiempo que marcan las horas de espera. Y sin poder descansar, nos enfundamos nuevamente el traje para ir al encuentro de una cita que tenemos todos los días 5 de septiembre con el pueblo de Villena.

Cuando salimos de casa vamos recogiendo a nuestros amigos para dirigirnos a la cita, a la gran cita. En el camino hacia la calle Nueva se entremezclan alegrías y colores, esperanzas y sentimientos festeros. La calle “Ancha” y la Corredera, se transforman en el cauce de un río de festeros vestidos con trajes multicolores, con una misma dirección, con un mismo destino; van en busca de una cita que tienen a las cuatro de la tarde.

Conforme nos aproximamos al punto de encuentro, la gente se vuelve más y más densa y la dificultad para poder andar se hace manifiesta, todos esperan la mágica hora “día 5 de septiembre, cuatro de la tarde”. Son las cuatro menos diez y la expectación se hace cada vez más patente, la gente nos rodea formando un denso muro y las cámaras de fotos empiezan a encender sus flashes queriendo inmortalizar el gran momento. Los nervios van creciendo mientras la hora se va aproximando. Los relojes son observados con insistencia, como queriendo adelantarlos a la hora deseada.

Ya estamos formados en filas de siete para ocupar gran parte de las calles por las que transcurrirá el desfile. Pedro, situado delante de nosotros, contempla la formación para
comprobar que todo está en orden. No es necesario que nos diga qué pieza tocamos;
todos lo sabemos, así como también la gente que ha venido a ver el comienzo del
desfile.

entrada dia 5 . 2005 009Día 5 por la tarde, nuestro corazón se acelera, el bombo se apresura a sonar con su doble llamada para darnos un toque de atención. La batuta en lo alto y un montón de ojos puestos en ella. El momento de empezar  se hace eterno pues de forma súbita un profundo silencio recorre la calle y el gentío enmudece. Un suave y enérgico movimiento rompe el aire y al unísono la Banda comienza a sonar engalanando con las notas de “La Entrada” todas las calles de Villena.

¡Por fin llegó nuestro día, nuestro gran día, nuestro día 5! 

La gente ansiosa de escuchar la pieza, irrumpe en una estruendosa coincidencia de aclamaciones y aplausos, mezcla que aunque un poco difícil de atemperar, se hace soluble en tan mágico momento. Música, ovaciones y exclamaciones cóctel atrevido pero formidable que nos hace emerger a flor de piel sentimientos de felicidad y gozo “…otro año más voy a vivir este gran momento… “. La gente nos rodea y escucha con atención la pieza. Su final coincide con un rotundo aplauso y sin pausa arrancamos enérgicamente para ir en busca del Portón.

Por el camino más y más gente, más y más aplausos, más y más vítores, más y más Villena. La cadencia del paso se hace rápida, y en algún momento tortuosa, pero el instante recompensa con creces el esfuerzo realizado. El desfile se hace rápido y se pasa rápido; por el contrario se vive cada segundo a tope, intentando retener cada uno de estos momentos como una eternidad.

Cuando llegamos a la travesía de la calle San Isidro, el bombo con su toque a contratiempo, interrumpe las notas que de golpe dejan de fluir de nuestros instrumentos. Apresurados, nos felicitamos, nos congratulamos, nos abrazamos, se escuchan y se ven entre el tumulto, gritos de alegría, lágrimas de emoción, y así otro año hemos visto recompensados todos nuestros esfuerzos.

¡Al fin llegó nuestro día, nuestro gran día, nuestro día 5!

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